LA CAMPAÑA ELECTORAL EN LA ROMA TARDORREPUBLICANA: visto a través del Commentariolum Petitionis
A lo largo de este artículo, utilizando como fuente el Commentariolum Petitionis escrito por Quinto Tulio Ciceron, vamos a ver algunos conceptos sobre como se realizaba una campaña electoral en Roma, sobre todo enfocado hacia el consulado, ya que la obra antes mencionada fue escrita pensando en la campaña de Marco Tulio Ciceron, hermano de Quinto para conseguir el consulado en el año 64 a. C.
Para empezar un candidato tenía que inscribirse, para ello tenía que declarar delante del magistrado que preside la elección para que lo inscribiese en la lista de los elegibles (professio). Pero para ello el candidato tenía que cumplir una serie de requisitos que en caso de que no se cumpliesen el magistrado encargado de las elecciones se podía negar a inscribirlo.
Los casos en que el magistrado se podía negar a inscribir a un candidato son:
Falta de edad del solicitante.
No guardar el debido orden en el cursus honorum.
No estar inscrito en el censo o de estarlo en una clase inapropiada.
En caso de estar en un proceso judicial.
Si está detentando otro cargo en ese momento.
La inscripción plantea problemas a los candidatos ausentes que a través de la lex Tullia del año 63 a. C. se les podía vetar su concurso.
En cuanto a la votación, hasta el año 139 a. C., éstas se hacían a mano alzada, o bien sentándose y levantándose, o sino oralmente, lo cual era lo más frecuente. Pero las cosas cambian después de la fecha antes señalada gracias a las leges tabellariae por lo que el voto sería secreto, lo cual fue muy mal acogido por la oligarquía ya que se les escapaba el control sobre sus clientelas, pudiendo éstas al final votar opciones diferentes a las que querían sus patronos.
Las votaciones eran por centurias o tribus teniendo cada una de ellas una unidad de voto, así se aseguraban el control las oligarquías. Hasta el siglo III a. C. la votación en los comicios centuriados la iniciaban las 18 centurias equestres, entre las que se sorteaba la praerogativa que tenía un carácter augural; pero luego estas 18 centurias equestres perdieron el monopolio a favor de una centuria cualquiera sorteada entre todas las de la primera clase.
Conceptos sobre la campaña electoral
La campaña, básicamente se basa en la captación del voto, ante todo un candidato ha de solicitar el voto, para ello el candidato podía utilizar un nomenclator que sería un esclavo que le diría o recordaría a su domine nombres de personas u otras cuestiones de interés para su amo, sería como una especie de memoria del amo. Con esto, el candidato sabrá en todo momento quién es quién.
Un punto importante a la hora de hacer campaña es la adsectatio, concepto que designa al séquito que acompañaba al candidato, así una de las claves del éxito político era la ostentación y verse rodeado de gente de todos los órdenes, clases, edades era señal evidente de cierta consideración social, así lo menciona en el Commentariolum Petitionis “Y ya que menciono el séquito, también hay que cuidarlo para que a diario lo haya de toda clase, estamento y edad. Pues de su misma abundancia podrá conjeturarse cuánta fuerza y valimiento habrás de tener en el Campo de Marte.” (Quinto Ciceron, IX, 34).
Había tres formas de adsectatio:
Salutio.
Deductio.
Adsectatio.
La salutio consistía en ir a acudir a saludar al candidato cada mañana a su casa, de las tres formas es la menos importante, en caso de que fuesen personas del mismo rango o superior éstas serían recibidas en el interior de la casa, mientras que el resto de la gente permanecía en el atrio. La gente que solía acudir a estas salutationes eran clientes o representantes de clientes, otras personas podían ser gente que acudían a las casas de los diferentes competidores para decidirse por uno de ellos, por eso Quinto le recomienda a su hermano “hay que obrar de modo que les parezca que tan mínima cortesía suya te resulte gratísima. Quienes vayan a tu casa, que adviertan que lo notas; cuéntalo a sus amigos, para que se lo comenten, y díselo con frecuencia a ellos mismos.” (Quinto Ciceron, IX, 35).
En cuanto a la deductio, ésta consistía en escoltar al candidato hasta el foro desde su casa, este acto era más importante que la salutio, ya que al ser algo público y no privado se alcanzaba mayor notoriedad, esto se puede ver perfectamente en el Commentariolum Petitionis “el servicio de quienes te acompañan al foro es mayor que el de quienes te visitan y harás ver y saber que te es más grato” (Quinto Ciceron, IX, 36).
Por último, la adsectatio consistía en acompañar al candidato durante todo el día, ser como una especie de séquito como mencionamos anteriormente, esta tarea sería realizada sobre todo por clientes o gentes de condición inferior, aunque ocasionalmente podría acompañarlo un senador o un caballero pero no durante varios días; fue frecuente contratarlos a sueldo por lo que en el 66 a. C. la lex fabia restringía el número de componentes.
Otra cuestión dentro de la campaña electoral, es que el candidato ha de saber ganarse a la gente, aquí nos encontramos con los conceptos de blanditia, comitas, benignitas, es decir, ser adulador, amable y generoso, en total una cualidad importante del candidato es tener cierta mano izquierda y saber amoldarse a la gente a la que se dirige, para aparentar que está de acuerdo de las opiniones de la gente con la que hable. Asimismo es bueno guardar cierto equilibrio entre optimates y populares.
Durante la campaña no era aconsejable tratar asuntos públicos, ni en el Senado, ni tribunales, ni asambleas legislativas.
Algo importante ala hora de ganar votos, son las largitiones regalos al pueblo, ser generoso con los conciudadanos dando entradas para los juegos o celebrando banquetes, raciones de comida, dinero, etc. Uno de los mejores trampolines eran los juegos públicos, éstos estaban administrados por los ediles y por pretores urbanos en los juegos dedicados a Apolo, los cuales acababan aportando más dinero para hacerlos más grandiosos, con lo cual se ganaba en popularidad destacando sobre otros candidatos, tanto es así que una edilidad poco fastuosa podía significar el fin de una carrera política.
Algo habitual en las campañas políticas era la corrupción que había, era habitual por ejemplo el soborno mediante la compra de votos habiendo toda una red organizada para ello, formada por:
Divisores.
Sequester.
Los divisores serían los encargados de dirigirse a las correspondientes unidades de voto con el fin de pedirles el voto para un candidato a cambio de dinero.
El sequester era un intermediario que tenía la suma de dinero hasta que las elecciones hubiesen finalizado y comprobado que el acuerdo había sido cumplido.
Sólo había una solución ante este problema de corrupción electoral, la amenaza, amenazar a divisores y sequestres con un proceso judicial, para ello había un tribunal que se encargaba de los procesamientos por causas de corrupción electoral, la quaestio de ambitu.
Por supuesto tanto divisores como sequestres recibían una suma de dinero por su acción.
En el caso de que fuesen elecciones consulares, el voto era censitario ordenado según la riqueza por lo que a quienes había que comprar sería a senadores y caballeros.
También se podía intentar comprar el voto de la centuria prerrogativa que como hemos mencionado al principio de este trabajo era l primera unidad que votaba y de la cual se conocía su resultado antes de que votasen el resto de unidades, el resultado de esa centuria prerrogativa era considerado como de buen augurio, ganar ese primer voto podía suponer conseguir el triunfo en las elecciones, así en diferentes fuentes antiguas se demuestra que los elegidos por esa centuria prerrogativa lo fueron también por las otras centurias.
Con todo esto se ve que el dinero se convirtió en una pieza clave dentro de la lucha por el poder, ya que éste permitía a las nuevas clases pujantes competir con la oligarquía de las grandes familias, las cuales se apoyaban en los clientes y clientes de los clientes pero ahora, éstas podían ser arrebatadas por el dinero.
El soborno electoral se ve que iba en aumento, ya que a lo largo del siglo I a. C. hubo una serie de leyes en relación con el soborno durante las elecciones, aún así, estas medidas resultaron ineficaces como demuestra la repetición de medidas, por lo que se puede observar su ineficacia, debido por una parte a que aquellas personas que impulsaban estas medidas las solían incumplir posteriormente.
Podemos observar como en la década de los 60 hubo un incremento de las sanciones para los culpables como también para los cómplices de éstos. Además de la lex Fabia y la lex Tullia, en el año 67 a. C. fue promulgada la lex Calpurnia de ambitu, la cual perseguía y condenaba a los divisores y convictos de corrupción electoral a quedar excluidos permanentemente de todas la magistraturas y también del Senado. En el año 64 hubo un proyecto de ley referente a las mismas cuestiones pero fue vetado por un tribuno de la plebe cercano a Catilina.
Hay dos factores que influyeron en la ruptura de las viejas clientelas:
El aumento de ciudadanos romanos.
Introducción progresiva en los comicios electorales, judiciales y legislativos del voto escrito y secreto.
En cuanto al aumento del número de ciudadanos romanos, éste se dio sobre todo tras la “guerra social” por la que se concedió la ciudadanía romana a todos los itálicos de la península italiana. Así en el censo del año 85 a. C. el número de ciudadanos romanos era de 430.000, mientras que en el 28 a. C. subió a cuatro millones, por lo que el número de votantes aumento aunque también es verdad que sólo unos pocos ejercían su derecho a voto por la distancia con la urbs. Además, habría que añadir que en Roma parte de la plebe urbana no estaría sometida a clientelas estrictas debido a la superpoblación que había en la ciudad.
En cuanto al segundo punto, se consiguió durante los últimos decenios del siglo II a. C. mediante la aprobación de una serie de leges tabellariae:
Lex Gabinia del 139
Lex Casia del 137
Lex Papiria del 131
Lex Celia del 107
Todas ellas propuestas por tribunos de la plebe, por supuesto contando con la oposición de la nobilitas, ya que estas leyes hacían más difícil el control de los votos, por lo que un votante podía inclinarse hacia otro candidato. Aún a pesar de la existencia de estas leyes, existieron mecanismos de presión indirecta, como puede ser la entrega de las tabellae ya escritas con el nombre del candidato.
Quinto no le recomienda a su hermano el uso fraudulento sino el de la amicitia, este concepto es importante, ya que desde el punto de vista político cuantos más amigos poseas más influencia tendrás, por amigos aquí se refiere a gente de la misma condición del candidato o superior.
La amicitia es un instrumento interesado, debido a que es el principal sostén para obtener las magistraturas, por supuesto estas “amistades” no son permanentes en muchos casos ya que hablando en clave electoral el amigo no es más que un aliado político, así nos podemos encontrar con posibles alianzas entre candidatos para eliminar a los demás adversarios. En relación con esto podemos observar como Ciceron pensó aliarse con Catilina aunque al final esa posible alianza no llegó a realizarse. Por lo que la busqueda de amistades durante la campaña es importante, por lo que vemos que la política romana es un campo abierto y no un círculo cerrado de vínculos personales, familiares o clientelares.
Otro tema son las sodalitates, asociaciones de carácter religioso a los que pertenecen miembros destacables de la nobilitas, dedicadas en un principio a cumplir los deberes piadosos de sus respectivos componentes para con los dioses pero también fue utilizada cada vez más con otros fines que no eran precisamente religiosos sino que fueron usadas algunas como asociaciones electorales.
Durante la década de los 50, las sodalitates de carácter más electoral que religioso experimentaron bastante auge, el problema es que estas asociaciones se convirtieron en organizaciones especializadas en la compra de sufragios, por lo que el Senado intervino sacando en el 55 a. C. la ley Licinia de sodaliciis, utiliza aquí el término sodalicium para distinguirlas de las sodalitates tradicionales.
El apoyo popular era importante también en la lucha política no ya por el número de votos ya que apenas tenían peso en los comicios centuriados los miembros de las clases más bajas, sino más bien para ganar popularidad. Con relación a este tema Quinto hace referencia a los collegia, que eran un medio de movilización rápida y generalizada de las clases inferiores y permitía el control de la calle, serían también un buen medio de propaganda, por lo que para un candidato sería bueno tener el sostén de ciertos colegios y dentro de éstos a los magistri, que tenían el poder ejecutivo de estas asociaciones, por lo que sería más fácil tener el apoyo de los demás miembros.
Existían tres tipos collegia:
Religiosos, llamados sodales y que eran asociaciones de carácter privado que honraban a una divinidad, contaban con medios económicos propios y se ocupaban del entierro de sus miembros, cuestión que se convirtió en la principal.
Profesionales, asociaciones de personas que desempeñaban un mismo oficio, se parecen un tanto a las primeras ya que tienen cierta función religiosa debido a que se organizaban bajo el culto de un dios y también se encargaban del entierro de sus miembros.
También quizá podría haber asociaciones territoriales formados por ciudadanos de diversas zonas de Roma.
En cuanto a la extracción social eran hombres libres, de la plebe urbana, libertos y esclavos. Habría dentro de los collegia una estratificación social, y no tendrían una gran capacidad económica.
Pero a pesar de este apoyo popular, la lucha política se establece entre los miembros de la oligarquía dirigente, debido a que poseen los medios necesarios. De esta idea se ha deducido por parte de algunos investigadores que Roma estuvo bajo el gobierno de una nobleza hereditaria y estable creando una especie de coto vedado como demuestra la escasez de homines novi, un homo novus, sería para Mommsen Brunt el primer individuo en alcanzar de una familia en alcanzar una magistratura curul, este criterio es compartido también por otros muchos investigadores como Brunt. Para otros investigadores como Wiseman serían aquellos que accediesen a cualquier magistratura y no hubiesen tenido antepasados senadores. Otra concepción más restringida sobre lo que es un homo novus serían las personas que alcanzan la magistratura del consulado o equivalente por primera vez en su familia; Donin – Payre, está de acuerdo con esta teoría pero la matiza incluyendo a las personas de rango pretoriano, las cuales tenían muchas probabilidades de alcanzar el consulado.
Otro punto de apoyo para la carrera política era la familia, la cual era utilizada según los diferentes contextos como es el caso de los funerales como trampolín político. Los funerales se hacían con bastante ostentación y en los cuales se elogiaba al difunto y antepasados ilustres de la familia, por lo que a la vez se hacía propaganda, por lo que a veces eran auténticos actos políticos, así Cesar utilizó le funeral de su tía Julia viuda de Mario para mostrar su vínculo familiar con Mario y aparecer como heredero de sus ideas.
Otro caso son los munera funerarios, véase un ejemplo en el caso del hijo de Sila, que realizó estos munera (en este caso un banquete) veinte años después de la muerte de su padre Lucio Cornelio Sila, en el momento en que optaba por una magistratura y esto le convenía electoralmente.
También un acto donde era utilizada la familia como arma política, era en el discurso ante el pueblo que pronunciaba un magistrado al entrar en el cargo y en el que glorificaba las hazañas de sus antepasados.
Algo bastante frecuentes eran las adopciones de adultos, el adoptado así se convertía en miembro de pleno derecho de la familia adoptante, los adoptantes suelen ser de la nobilitas debido a que no tienen descendientes propios. El fin de estas adopciones es perpetuar la familia en el plano económico, social y político, ya que los derechos de un patrono sobre la clientela sólo van a parar a los descendientes de aquel y no es posible transmitirlos por testamento, por lo tanto las familias de la oligarquía dominante tenían esperanzas de que los miembros de su familia llegasen a ocupar cargos de responsabilidad en el gobierno de Roma, por lo que con estas actitudes se ve ciertamente un elemento hereditario en la política romana.
Un aspecto que fue cobrando importancia sobre todo durante el siglo I a. C. fueron las clientelas militares que ayudaban no sólo a sus oficiales sino que también a los parientes y amigos de éstos. Esto es debido a que en el siglo I se generaron ejércitos personales apareciendo las susodichas clientelas que cobraron bastante importancia política durante esa época, como es el caso de Cesar o Pompeyo.
Algo que también se apreciaba era la oratoria, había tres lugares donde se podía ejercer la elocuencia:
Senado.
Juicios.
Contiones.
EL Senado del que formaban parte 600 personas desde las reformas de Sila, tenía una influencia y peso moral bastante grande. En cuanto a los juicios, se llevaban a cabo en el Foro y eran de carácter público por lo que se podía obtener cierta popularidad, aún así, durante la campaña no es aconsejable conducir actos públicos ni en el Senado, ni en los tribunales ni asambleas legislativas.
En cuanto a las contiones, eran unas asambleas populares en las que se podía hacer uso de la palabra, siempre y cuando se tenga el permiso del magistrado presidente. Así mientras en los comicios se vota pero no se debate, en las contiones se discute pero no se vota, no son decisorias. Estas asambleas eran el único sitio donde un político podía transmitir sus ideas al pueblo, ya que no existían espacios para realizar una campaña electoral, ni convocaban asambleas para que los candidatos se presentaran ante sus votantes.
Una de las claves para poder ganar unas elecciones y dentro del concepto de amicitia, es ganarse el favor del ordo senatorial, así sería bueno ganarse el favor de los integrantes del Senado, al que se accedía al desempeñar magistraturas públicas desde la cuestura. Sería necesario seleccionar a los sujetos de los que el candidato quiera obtener su apoyo, lo mejor es hacerse con el favor de la nobilitas, componentes de la minoría más privilegiada y que con su apoyo, el candidato probablemente gane el de otra mucha gente, la nobilitas era una distinción más sociológica que política se basaba en la descendencia de antiguos magistrados curules y durante la República tardía descendientes de cónsules. También era bueno que el candidato se ganase a exconsules y cónsules. Así lo exprese el Commentariolum Petitionis “También parece muy capaz de ayudar a un novel la simpatía de los nobles y, sobre todo, de los excónsules.” (Quinto Ciceron, I, 4)
En cuanto al ordo equestre, era bueno ganarse su apoyo, ya que de él proceden bastantes de los nuevos senadores en el siglo I a. C.
Conseguir la amistad de los adolescentes de dicho orden por su utilidad durante una campaña como acompañantes del séquito, como visitantes a su casa, anunciadores de noticias y propagandistas.
También era interesante contar con ciertos cargos civiles que ayudaban a los magistrados como pregoneros, ordenanzas, mensajeros, ya que están enterados de los entresijos propios de la administración y podrían resultar influyentes.
Dentro de las magistraturas era bueno hacerse con el apoyo del colegio de los dos cósules y el de los diez tribunos militares “aportan al candidato alguna consideración; para velar por tus derechos, magistrados, de entre los cuales, sobre todo los cónsules; y luego, los tribunos de la plebe; para ganarse a las centurias, hombres con gran influencia” (Quinto Ciceron, V, 18). Los cónsules son la máxima expresión del gobierno romano, además, uno de ellos es el encargado de dirigir el proceso elecoral. Los tribunos de la plebe tenían influencia sobre el elemento popular haciendo a veces de intermediarios entre los grandes líderes y el pueblo por lo que tenían más facilidad de movilizar a las clases inferiores.
En cuanto a las oligarquias italianas es bueno contar con su apoyo, en tanto que se encargarán de expandir el conocimiento de la candidatura a la que apoyen por su área de influencia.
Bibliografía:
Antonio Duplá, Guillermo Fatás, Francisco Pina, El manual del candidato (el Commentariolum Petitionos), servicio editorail Universidad del País Vasco, Vizcaya, 1990.
Chenoll Alfaro, Rafael R., Soborno y elecciones en la República Romana, Universidad de Málaga, 1984.
Pino Polo, Francisco, Las contiones civiles y militares, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1998.
Utchenko, S. L., Ciceron y su tiempo, Akal, Madrid, 1978.
